Sin escuela

Deschooling Gently

Tammy Takahashi vive en California con su marido y sus tres hijos, a los que educa en casa. Cuando se inició en la aventura del homeschooling, buscó información y apoyo en foros de internet, donde una respuesta habitual a las inquietudes de los nuevos era: "daos tiempo para desescolarizaros". Finalmente, se dió cuenta de que el concepto de "desescolarización" era el más importante de todos en el mundo del homeschooling, sobretodo para los que están empezando. De modo que, un día, decidió escribir una especie de guía para padres; la misma que le habría gustado poder leer cuando ella empezaba. Con su permiso, reproduzco aquí algunos     fragmentos de su libro, Deschooling Gently.


Fragmentos:


Decidimos educar en casa porque queríamos libertad y oportunidades. ¿Por qué tomar la decisión de dar a tus hijos una educación diferente, y luego hacer exactamente lo que harían en la escuela? Yo quería crear una experiencia de aprendizaje más personalizada para mis hijos. Sin embargo, yo nunca había experimentado la educación de ninguna otra forma, así que era algo reacia a vivir completamente al margen de ella. Empezó mi camino para encontrar una manera equilibrada de desescolarizar.

El tiempo me enseñó que, aunque la desescolarización no es necesaria para que el homeschooling funcione, sí reporta muchos beneficios. El mayor de ellos es que te trae el proceso de aprender a educar a nuestros hijos de persona a persona en el contexto de la familia y del mundo, en vez de usar estrategias que han sido diseñadas para dar instrucción de forma coelctiva en el ámbito escolar.

Me preocupaba que, a veces, la desescolarización parecía una manera de huir de nuestras responsabilidades como padres homeschoolers. La idea de dejar que los niños no hicieran nada no me encajaba con la idea de una crianza responsable. Con el tiempo, y habiéndolo considerado atentamente, vi que la desescolarización era, en realidad, lo contrario. "No hacer nada" es, en realidad, otra forma de decir "hacer más".

Desescolarizar es explorar las posibilidades. Pero se necesita tiempo y experiencia para ver más allá de las cortinas de la clase.

Cuando estaba en el colegio, no tenía ni idea de cuán atrapada estaba en las ideas de otros acerca del éxito y la felicidad. Todo mi sistema de valores estaba basado en la aprobación de mis profesores. Mis notas definían cuán buena era mi vida. E incluso cuestionando la validez de los métodos de enseñanza que yo debía seguir, y luchando contra el statu quo, ni una sola vez contemplé la posibilidad de romper con ello y encontrar mi verdadero yo fuera de la escuela. Era eternamente feliz siendo miserable: noches en vela preparando examenes, montones y montones de material pendiente de leer, hechos y temas con los que impresionaba a mis profesores pero en los que nunca tenía tiempo de profundizar porque siempre estaba en camino de algo más- todas esas cosas me hacían "feliz".

Estaba convencida de que para ser feliz debía estar ocupada y con un reto por delante. Estaba convencida de esto porque nunca había conocido otra cosa en toda mi vida. No hasta que fuí madre y me di cuenta de lo que me había estado perdiendo. Me había estado perdiendo a mi misma.